El regreso

Martínez Ares: «Ya estamos aquí»

El pasacalles con el que la comparsa ‘Los cobardes’ recorrió los 200 metros entre el local y el teatro se convirtió en un camino de pasión hacia el coplero

Por  2:19 h.

«Ya estamos aquí». Fueron las primeras palabras que pronunció Antonio Martínez Ares ante su grupo y un camerino del Falla lleno de cámaras y flashes. Seguido de un sentido «gracias» a su gente, a los quince componentes que le han acompañado en su regreso al Concurso Oficial de Agrupaciones después de trece años en silencio. «Gracias a ti por volver». Así le respondió su gente con una expresión que ayer se extendió como la pólvora por todas las calles de Cádiz.

El grupo había quedado a primera hora de la tarde en el centro de día de la calle Diego Arias, esquina a la viñera calle de la Rosa. El local fue un revuelo toda la tarde. Curiosos, aficionados, cámaras, redactores, micrófonos, todos en busca del beatle renacido, del niño pródigo de la comparsa: Antonio Martínez Ares. Todos le miraban, todos le reclamaban y le hablaban. Con dificultad, trataba de llevar varias conversaciones a la vez y se aislaba, con más dificultad, cada tantos minutos.

En la Plaza de Fragela, ante el coliseo colorado, la cola ya tenía forma de serpiente para caber en la superficie situada frente a la fachada.

Los 200 metros que separan, cuesta arriba, ese inmueble del Falla fueron una diminuta cabalgata de expectación, piropos e ilusión. Costó contar las veces que se gritó el nombre del regresado autor desde unas aceras que acechaban el pasacalles, o lo que fuera. «Han siso muchos años sin tu pluma»; «Cádiz te echaba de menos», «No vuelvas a irte», «Eres el poeta de Cádiz», y así una innumerable retahíla de pasión sin medida.

Al llegar a la puerta, tan mozárabe y rojiza, del Teatro Falla, más cámaras, más gritos, más ánimos y aplausos.

‘El Niño’ volvía a casa. Todo parecía poco. Los gritos, el aliento, los besos, las ganas, los nervios. «Bienvenido a casa, Antonio», le decían en la misma puerta, la de autores, por donde hizo su entrada el autor de Santa María.

Los más inocentes podrían pensar que dentro les esperaba algo de paz. Ilusos. La euforia ante la gran sesión, ante el duelo Martín-Martínez, con García de árbitro, invadió los camerinos. Y para hacer esta noche aún más especial, Antonio Martínez Ares se encontró de frente con la Antología de Paco Alba que iba a rendir tributo al creador de la modalidad en el 40 aniversario de su muerte. Presente continuo. Pasado y futuro saludándose. El niño con el padre.

Y así, como si trece años se hubieran borrado de un plumazo, Ares puso sobre el escenario su poesía para dejar claro que «hombre cobarde, no conquista a una mujer bonita».