El maestro liendre

El nuevo Carnaval

Es el último Carnaval. Luego vendrá el primero. El que abra una era nueva y distinta

Por  10:09 h.

Es el último Carnaval. Luego vendrá el primero. El que abra una era nueva y distinta. La fiesta para el que la trabaja, para sus autores, sus dueños, sus guardeses, sus garantes. Este año no les ha dado tiempo pero ahora tienen más de doce meses (el próximo Carnaval será muy tardío) para dar el color justo al nuevo amanecer del compás. En pie, chirigoteros del mundo. Arriba, coristas sin paz. Cuando el Carnaval se autogestione, cuando el cambio de agujas (de oro) llegue, todo será diferente y verdadero.

Todos los cocineros se lavarán las manos cuatro veces cada hora, 20 segundos cada vez, y todo bocadillo será consumido una hora después de su elaboración. Ningún tenor desentonará y los cuartetos serán escuchados. Los coros, respetados como orquestas de cámara. Sabremos interpretar el arte de los intérpretes y los contables contarán con ellos a la hora de contar las perras que genera tanto sacrificio por Cádiz. Las ninfas serán sustituidas por rollizos jóvenes del campo gaditano, que saludarán con petos, camisas de cuadros y mofletes rosados mientras elevan sus aperos al paso de las autoridades.

El machismo desaparecerá de la faz de la fiesta y el público escuchará las comparsas femeninas como si no lo fueran. Las jóvenes que orinen entre los coches lucirán lencería de negro encaje y los jóvenes lograrán que sus meadas dibujen diagonales perfectas cuando corran cuesta abajo. Las botellas serán recogidas antes de que toquen el suelo, como los papelillos del memorable romancero de Ana. No habrá peleas. Un chip de puritanismo portátil nos avisará con un agudo pitido cuando vayamos a consumir la tercera copa de vino del día, o la cuarta cerveza. Un contador de calorías encenderá un piloto rojo cuando superemos las mil antes de las 17 horas y cualquier impulso sexual será suplido por una sonrisa lacia. Cada reunión de cada patronato será una ceremonia de fraternidad. La unanimidad presidirá toda votación y las críticas de las agrupaciones serán tan inteligentes como educadas. Los periodistas serán abrazados por los autores al acabar el Concurso y la gente les amará. Los piropos, conmovedores. Los cuplés, graciosos siempre. Cada estribillo, pegadizo sin excepción. Nunca lloverá ni habrá ventoleras, ni atascos. Las cabalgatas divertirán y las ilegales podrán ser libres, dejarán de ser masacradas como si fueran titiriteros. Todo eso será. Pero ahora, no. A partir del año que viene.