Carnaval de Cádiz

¡Antoniooooooo!

Los 200 metros entre el local en el que se cambiaron y el teatro se convierten en un camino de pasión para Martínez Ares

Por  20:51 h.
¡Antoniooooooo!

El grupo había quedado a primera hora de la tarde en el centro de día de la calle Diego Arias, esquina a la viñera calle de la Rosa (ay, mi rosita, aunque eso fuera de Martín). El local fue un revuelo toda la tarde. Curiosos, aficionados, cámaras, redactores, micrófonos, todos en busca del beatle renacido, del niño pródigo de la comparsa: Antonio Martínez Ares. Todos le miraban, todos le reclamaban y le hablaban. Con dificultad, trataba de llevar varias conversaciones a la vez y se aislaba, con más dificultad, cada tantos minutos.

En la Plaza de Fragela, ante el coliseo colorado, la cola ya tenía forma de serpiente para caber en la superficie situada frente a la fachada.

Los 200 metros que separan, cuesta arriba, ese inmueble del Falla fueron una diminuta cabalgata de expectación, piropos e ilusión. Costó contar las veces que se gritó el nombre del regresado autor desde unas aceras que acechaban el pasacalles, o lo que fuera.

Al llegar a la puerta, tan mozárabe y rojiza, del Teatro Falla. Más cámaras, más gritos, más ánimos y aplausos.

Los más inocentes podrían pensar que dentro les esperaba algo de paz. Ilusos. La euforia ante la gran sesión, ante el duelo Martín-Martínez, con García de árbitro, invadió los camerinos. Nada más entrar, Antonio Martínez Ares se encontró con la Antología de Paco Alba que iba a rendir tributo al creador de la modalidad en el 40 aniversario de su muerte. Presente continuo. Pasado y futuro saludándose. El niño con el padre, El Purri…

Y a hacer voces. El grupo, en el camerino, se convirtió en un atractivo antes de empezar la sesión, antes incluso del homenaje al Brujo. Decenas de personas hacían que pasaban por allí para pegar la oreja, para ser los primeros en escuchar lo que todos quieren oír.

En unos minutos, esas coplas, esperadas más de una década, sonarán para todos. Va telón.